Pasar al contenido principal

El “cifrado” es una forma de la armonía con letras y símbolos encima de la lírica (letra de la canción). Es rápido, sí. Pero también es una de las razones más comunes por las que un ensayo se vuelve confuso, la banda se desordena y la música termina sonando “descoordinada” en vez de sólida. 

Páginas del estilo cifraclub.com o LaCuerda.net terminan siendo, para muchos, como el elrincondelvago.com de la música: te resuelven “la tarea” a punta de cifrados, pero no te enseñan a tocar de verdad. Te dejan con el acorde pegado, sin ritmo, sin forma, sin cortes, sin articulación y sin intención; entonces el resultado es inevitable: suena chambón, como alguien que “se la sabe” en papel, pero no la sostiene en la interpretación ni en el ensamble.

Los cifrados para empezar no están mal, pero si quieres tocar con precisión, ensayar mejor y sonar más profesional, hay varias razones por las que conviene no depender de los cifrados. Quedarte solo con cifrados es quedarte siempre siendo un principiante.

1) Los cifrados ocultan lo más importante

Un cifrado te dice “qué acorde es”, pero no te dice cuándo entra, cómo se articula, qué figura rítmica lleva, qué anticipaciones hay, qué notas son de paso ni cómo se mueve la voz principal.

En géneros donde el groove manda (góspel, pop, rock, funk, worship, salsa, etc.), lo que define el carácter no es “C o Am”, sino el patrón rítmico y la intención. Un cifrado suele terminar en “Aquí va G… y luego C…”, pero, ¿En qué tiempo cambia?, ¿Es sincopa, o cae en el 1? ¿Se hace cortes o es continuo?

Resultado: cada quien interpreta distinto, y el ensamble pierde unidad.

2) Frenan el crecimiento musical

Si siempre tocas leyendo letras, es fácil caer en: “aprender canciones” como secuencias de símbolos, sin entender, funciones armónicas (tónica, subdominante, dominante), arreglo de voces, tensiones y resoluciones, melodía vs. armonía, arreglos (qué instrumento ocupa qué registro) y no hay un seguimiento definido a la estructura.

En otras palabras: el cifrado puede volverse una muleta. Te deja tocar “algo” rápido, pero te cuesta más para hacer un seguimiento a la estructura de la canción.

3) Cada quien por su cuenta

En ensayos, los cifrados no ayudan a coordinan a la banda, mientras que la partitura sí. Lo que ahorra tiempo no es “tener los acordes”, sino tener una guía común: estructura (intro, verso, pre, coro, puente), número de compases por sección, cortes, dinámicas, líneas clave (riff, hook, bajo, metales, pads), indicaciones claras de entradas y salidas.

Con cifrados, cada músico “rellena” a su manera. Con una partitura (o al menos un lead sheet bien hecho con ritmo, cortes y forma), la banda toca más junta desde el primer intento.

Qué usar en lugar de cifrados (sin volverte “académico” a la fuerza)

Opción A: Lead sheet/Chart (melodía + armonía + ritmo + estructura)

Un buen lead sheet incluye: la melodía (aunque sea lo principal), la métrica, la forma (secciones y compases), hits/cortes y si, también los acordes (no como “lo único”). Si lo miramos por instrumento con solo el Lead Sheet se tiene:

  • Bajo: línea principal + kicks importantes
  • Batería: patrón + cortes
  • Guitarras: voicings sugeridos + rítmica
  • Teclas: pads/voicings y líneas guía
  • Voces: melodía + armonías

No todo tiene que ser súper detallado, pero sí lo suficiente para que todos toquen lo mismo.

Opción B: Partitura por secciones (lo más efectivo para bandas)

La partitura por su parte no te dan una idea “aproximada” de la canción. Te da la música completa y precisa. En una partitura están el ritmo real, la duración exacta de cada figura, los cortes, las entradas, las dinámicas, la melodía, la estructura y, cuando aplica, las líneas clave de cada instrumento; eso hace que una banda ensaye más rápido, toque más junta y suene más profesional. Con partituras no estás adivinando ni “rellenando”: estás interpretando con intención, y por eso el resultado se siente sólido, ordenado y con el carácter correcto de la canción.